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Fuente: Más Ciencia para Chile
Columna de Thomas Colnot Biehl, Dr. en Bioquímica y Toxicología, Ex-director Ejecutivo Fundación CEQUA.
¿Qué duda cabe que la crisis social que vivimos en la actualidad tiene una de sus causas en la insuficiencia de la educación científica y la marginalidad de la ciencia en Chile en general? Hay dos mecanismos como la ciencia contribuye a fortalecer la democracia. Por un lado, en su búsqueda de verdades absolutas nos enseña un escepticismo sano desafiando constantemente a los dogmas y doctrinas imperantes. Nos inculca valor, a no temer a las autoridades de nuestras disciplinas. ¿Sin este escrutinio permanente del statu quo, sin el valor de pensar distinto, había sido existido un Galileo, un Einstein? Sin embargo, en la educación superior, particularmente en las universidades privadas, durante las últimas décadas se ha privilegiado la reproducción de mera ideología por sobre la objetividad y el pensamiento crítico basado en el método científico.
Por otro lado, la ciencia cambia la manera como interactuamos en democracia. Privilegia un diálogo basado en argumentos reales, nos ayuda en llegar a conclusiones basadas en la lógica y nos enseña detectar una estrechez de miras en la argumentación de representantes de las distintas fracciones políticas. ¿Pero qué pasa hoy? No se pide la opinión del científico ni se escucha su voz en los temas de contingencia de hoy. Temas en los cuales el conocimiento científico perfectamente puede dirimir entre posiciones extremas en el espectro de la opinión pública. La contaminación en Quintero, la generación y el transporte de energía, las salidas al conflicto estudiantil – dónde está la voz de la razón, dónde está el conocimiento científico, dónde está el diálogo basado en simples hechos y no en posturas ideológicas? Lamentablemente, no se escucha más que el cacareo de los grandes líderes de opinión de siempre, con un claro sesgo ideológico en su discurso.
Pero hay esperanza. Si finalmente decidimos dar un paso adelante a transformar a Chile en una sociedad verdaderamente basada en el conocimiento, con una educación científica sólida, eso nos traerá más que un desarrollo netamente económico. Este camino nos va a llevar a una democracia fortalecida, renovada y más justa. Más ciencia para el país nunca ha sido más importante que hoy, con una democracia apremiada por la primacia de principios económicos de corte extremamente liberal, con metas cortoplacistas y al servicio de los intereses de una minoría en vez de trabajar en beneficio de toda nuestra sociedad.
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