En las últimas décadas, siguiendo el ejemplo pionero de la Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching --un observatorio de la educación superior de los EEUU-- han aparecido numerosos rankings de universidades. La mayoría de ellos son de tipo nacional y regional, aunque existen dos que son a escala mundial. Pese a las controversias que han suscitado, principalmente por razones metodológicas, los rankings se han establecido firmemente en el horizonte de la educación superior. Una razón que explica este fenómeno es el prestigio que ellos otorgan a las universidades ubicadas en los primeros lugares pero, principalmente, por la utilidad que prestan cuando se busca aquilatar la “solvencia académica” de una institución, por lo menos en relación a sus pares nacionales e internacionales.
Nuestro país no ha estado ajeno a esta nueva tendencia y actualmente existen tres rankings de universidades chilenas. Todos ellos tienen en común el hecho de ser confeccionados por revistas no especializadas y el de compartir algunas debilidades metodológicas que los hacen insuficientemente confiables, lo que es negativo para la educación superior chilena, ya que, como lo demuestra la experiencia de la Carnegie Foundation, la disponibilidad de información pública promueve el mejoramiento continuo de las instituciones y estimula una sana competencia entre ellas. Al mismo tiempo, un buen sistema de información orienta a los futuros universitarios sobre la elección de universidad. Desde otro ángulo, la carencia de información nacional a través de un set de indicadores metodológicamente confiable contribuye a la falta de trasparencia que aqueja al sistema universitario chileno, debilidad que destaca el Informe de la OECD sobre la educación superior chilena.
Las razones antes expuestas han movido a la Red Universitaria Cruz del Sur a asumir el desafío de crear un sistema de referencias comparadas para evaluar las universidades chilenas que supere las debilidades de los rankings actualmente disponibles.
Una de las reiteradas falencias de los rankings nacionales existentes es la comparación que hacen de universidades con misiones institucionales considerablemente distintas. Al respecto, cabe señalar que tanto en Chile como en otros países existen distintas categorías de universidades, usualmente clasificadas de acuerdo con su compromiso o grado de desarrollo en el ámbito de la investigación y el postgrado más avanzado (doctorado).
Una de las clasificaciones más conocidas es aquella desarrollada por la Carnegie Foundation, http://classifications.carnegiefoundation.org/, que en su propuesta inicial considera cinco tipos o categorías de instituciones de educación superior entre las que distinguen, Doctoral-Granting Institutions, Comprehensive Colleges, Liberal Arts Colleges, All two-Year Colleges and Institutes and Professional Schools and other Specialized Institutions.
En línea con este tipo de clasificación, el primer paso en la construcción de un nuevo sistema de evaluación de universidades chilenas, será categorizarlas, usando para ello las áreas de acreditación institucional escogidas por las propias instituciones como el criterio básico.
De este modo, se proponen tres grupos o categorías:
I. Universidades de docencia, investigación intensiva y doctorados
Acreditadas en Investigación y con cuatro o más programas de doctorado acreditados.
II. Universidades docentes con investigación y postgrados
Acreditadas en Investigación, o con al menos un programa de doctorado acreditado.
III. Universidades docentes
Cumplen con la acreditación obligatoria para docencia de pregrado y no tienen investigación ni programas de doctorado acreditados.

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La segunda parte del estudio considera la evaluación de parámetros e indicadores que permiten hacer comparaciones entre grupos de instituciones.
Se consideran cinco dimensiones o parámetros que, en conjunto, permiten describir razonablemente bien los inputs, procesos y outputs más relevantes sobre los cuales las Universidades trabajan. Estos son:
Calidad de los Estudiantes. Un aspecto determinante de los resultados de gestión académica es la calidad de los estudiantes que ingresan a las universidades. Está probado que el desempeño de los estudiantes en cualquier universidad es mejor dependiendo de los resultados obtenidos en la Prueba de Selección Universitaria que le permite el ingreso a la carrera y universidad de su preferencia. Este puntaje correlaciona positivamente con el éxito académico y asegura buenas tasas de retención en los primeros años de estudio.
Calidad de sus Académicos. Así como los estudiantes, la calidad de los académicos que integran los planteles Universitarios resultan determinantes para obtener buenos resultados académicos y de investigación. La mejor formación de estos académicos permitirá potenciales desarrollos en investigación y asegurará mejor calidad académica en la oferta de pregrado y postgrado.
Calidad de sus procesos formativos. Subyacen en esta dimensión todos aquellos aspectos que permiten asegurar eficiencia y eficacia de los procesos formativos de los estudiantes. Una buena gestión académica y del uso de los recursos humanos y financieros influye decididamente en la calidad de los resultados que las Universidades producen.
Calidad de su Investigación. Una de las áreas propias del quehacer Universitario es el desarrollo de la investigación que sus académicos producen. En ello existen parámetros internacionales de productividad científica que permiten estandarizar estos resultados.
Calidad de su oferta de doctorados. En aquellas Universidades que han establecido como uno de sus ejes de desarrollo la formación de investigadores, resulta relevante medir los resultados en este ámbito de acción.
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